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miércoles, 7 de octubre de 2015

Brañas Vaqueiras de Cudillero



   Los “vaqueiros” o vaqueros fueron un grupo de pastores asturianos, muchos de ellos trashumantes, que mantuvieron una forma de vida, costumbres y manera de pensar diferentes al resto de sus paisanos, basadas en un tipo de vida ancestral con raíces muy profundas, amantes de su libertad y conocedores del entorno natural, con quien se sentían estrechamente unidos.


   Eran principalmente pastores de ganado vacuno, de ahí el nombre de vaqueros, y solían establecer dos residencias, una de invierno (la braña) y otra de verano en las zonas altas (alzada), cambiando de morada y residencia todos los años con la familia, enseres y ganados, en función de los pastos. Por este motivo surge el nombre de “vaqueiros de alzada”.


   La mayoría de las brañas y alzadas estaban situadas en zonas un tanto escarpadas, solían habitar en lugares altos, mal comunicados, ricos en pastos, buenos para el ganado pero poco aptos para la agricultura, lo que propiciaba su aislamiento.


   Durante siglos formaron un grupo socialmente marginado y diferenciado en todos los aspectos. Son muchos los autores que, en diferentes épocas, han dejado reseña de las costumbres, forma de comunicarse y reconocerse, cultura, rasgos físicos, actividades económicas, …… de estos grupos aislados que ocupaban las partes altas de algunos valles. La endogamia se convirtió en una práctica habitual, en este sentido existía un rechazo a los emparejamientos con otras personas ajenas a su grupo social.



   En Asturias, las brañas de los vaqueiros se ubicaron principalmente en la zona comprendida entre los ríos Nalón y Navia, aunque existieron otras repartidas por la zona central de Asturias, como en Las Regueras, Llanera, Castrillón, Gijón, …..


   Cerca de los puertos que sirven de límite entre los concejos de Cudillero, Valdés y Salas, los vaqueiros instalaron algunas de sus brañas de invierno. He elegido este lugar entre la Sierra de Pumar y las Sierras de los Vientos y de los Baos, dentro de la parroquia de San Martín de Luiña, porque en el interior de este valle del río Uncín existía una de las mayores concentraciones de brañas de toda la Comarca Vaqueira.


   La población , repartida por estas brañas, llegó a ser bastante numerosa, en una zona donde habitaban por un lado los pixuetos y marinuetos, pescadores y agricultores ubicados en la marina; luego estaban los xaldos, aldeanos de los valles interiores; y por último los vaqueros, discriminados pastores que ocupaban las partes más altas de las montañas circundantes. Todos ellos diferenciados entre sí.



   Una vez leídos y conocidos los antecedentes de este asentamiento Vaqueiro de la Marina de Cudillero, dentro de la parroquia de San Martín de Luiña, me decidí a realizar un recorrido a pie para localizar y contemplar las 9 brañas que en otra época existieron a lo largo y ancho del valle del río Uncín: Gallinero, La Puerca, Folguerúa, Teixidiello, Gayuelos, Bordinga, Llendepín, Busfrío y Brañaseca.


   El objetivo es comprobar in situ los restos de una vieja y casi olvidada cultura de la zona rural asturiana y así poder visualizar el entorno natural que rodeaba estos asentamientos, experimentando y comprobando personalmente los caminos que utilizaban, pastos, paisajes, …….


   Este itinerario circular se inicia en la propia Iglesia de San Martín, protagonista también en el pasado vaquero de esta zona, y a escasos metros encontramos un indicador donde se señalan las aldeas o pequeños pueblos de Gallinero, Teixidiello, …..



   Después de cruzar el propio río Uncín, la carretera inicia un continuado ascenso a través de una estrecha y sinuosa carretera, con mayor pendiente en algunos lugares, rodeada de castaños y otros árboles caducifolios, acompañados de eucaliptos y pinos como muestra de repoblamiento y explotación forestal. En el sotobosque abundan los helechos y tojales.



Vaqueirina, vaqueirina,
nun t’apartes del sendeiru,
porque si te atopa el chobu
nun te val decir nun queiru.


Chamásteme vaqueirina
purque calzaba polainas,
la tu intinción bien la sey
pero tú a min nun m’engañas.



   La propia ruta, bastante llevadera y sin mucha dificultad, se encarga de mostrarnos sus naturales encantos, en algunos momentos la frondosa vegetación te envuelve y te arropa, se respira un aire completamente puro, en un ambiente lleno de tranquilidad, y las originales formas de algunos árboles parecen llevarte a través de un bosque encantado. 



   En otros tramos el monte se abre y nos permite observar los pueblos de la otra ladera del valle, como las casas de Cipiello, Brañaseca, la Sierra de Pumar, …... El paisaje es arbolado, una mezcla del antiguo bosque caducifolio con repoblaciones de pinos y eucaliptos. 



   No se encuentran muchas personas por estas aldeas de Gallinero, La Puerca y Folguerúa, algunas casas se han reformado pero muchas no han podido soportar el paso del tiempo. Hay muchos caminos perdidos y senderos olvidados. El ganado escasea y las praderías se pierden.



   Después de unos 7 km, desde San Martín, la pista termina en Teixidiello, una braña vaqueira que ha sido restaurada y rehabilitada por sus nuevos dueños, ofreciendo casas y apartamentos en alquiler, en un lugar privilegiado con excelentes vistas y rebosante naturaleza. Una feliz iniciativa digna de elogio y agradecimiento, sobre todo para aquellos que nos sentimos entusiastas del mundo rural.



Aunque te chamen vaqueiro
nun t’averguonces ya di:
“Las vacas han de ser miyas
ya los cuernos para ti”.


   El sendero para acceder desde la braña de Teixidiello a la pista que viene del Llan de Cubel y bordea el Pico Lahuz está abandonado y sin una mínima señalización que te pueda ayudar, por lo que resulta difícil y complicado avanzar por este tramo. La recomendación es volver atrás y antes de llegar de nuevo a Folguerúa coger una pista ascendente.



   Ya en la parte alta de la sierra localizamos algunas cabañas y cuadras de piedra, dispersas en una zona desarbolada, aquí se ubicaba la braña de Gayuelos, deshabitada desde hace unos cuantos años y ahora casi desaparecida. Quizás éste sea un buen momento para descansar y contemplar las abandonadas construcciones de lo que no hace mucho era la braña de La Bordinga, puede servirnos para reconocer con admiración la labor y el mérito de aquellas gentes, los vaqueiros, verdaderos guardianes de nuestro paisaje rural. Ahora nos damos cuenta que su incansable actividad ganadera, durante siglos, ha sido capaz de conservar y mantener intacto, y al mismo tiempo vivo, nuestro espacio natural, el más importante de nuestra región, patrimonio de todos. 



   Atravesando por la pista de La Sierra de Pumar, la altura te ofrece espléndidas vistas hacia los valles y la marina de Cudillero, a pesar de la ligera neblina que se extiende por toda la costa, hasta llegar a Llendepín, un sugerente conjunto  de viejas casas y cabañas de piedra en las que se guarda el ganado.



   Ya en el descenso por la otra orilla del valle, vamos dejando atrás las aldeas de Busfrío y Brañaseca antes de llegar a Cipiellu, con voluminosas casas y cuadras de piedra esparcidas por las empinadas laderas, observando con calma los distintos componentes de este típico asentamiento vaqueiro.


Fierra las madreñas altas,
vaqueiru, que sos pequenu
ya nun te quieren las mozas
nin con cuartos nin sin ellus.


Vaqueiru, la tua vaqueira
yera bona pa siñora,
calzadina de madreñas
ya cun el pelu a la moda.


   En las conversaciones con los lugareños de la zona, se encuentran pocos por estos parajes, algunos de origen vaqueiro, notabas cierta nostalgia y pena por el abandono de algunas brañas y lugares sabiendo que los jóvenes no muestran mucho interés por mantener la tradición ganadera. Aún conservan con orgullo recuerdos de sus viejas historias y mantienen ese acercamiento hacia la ganadería y la actividad rural.


   Ubicada en el fondo del valle, ocupando un sitio destacado en el llamativo lugar de Escalada, San Martín de Luiña posee una interesante iglesia barroca del siglo XVIII, declarada Bien de Interés Cultural, un edificio de gran porte con una esbelta torre-campanario y pórticos en ambos laterales. 


   Tiene un interés especial pues es la única iglesia que aún conserva en el piso de piedra las inscripciones, grabadas en el suelo, de posición por clase social y género. Entre los bancos de madera una inscripción atraviesa de lado a lado las tres naves de la iglesia donde se lee “no pasan de aquí a oír misa los vaqueros”. En este sentido la Iglesia tampoco puso empeño alguno en frenar las actitudes inhumanas y discriminatorias hacia los vaqueros, permitiendo estos acotamientos en sus templos, y siempre se mostró contraria las costumbres y formas de vida de estas gentes.




Venir todos a baichare,
a lus de la Braña digu,
qui lus que nun son d’aquí
gastan munchu señuríu.



Antes que Dios fuera Dios
ya’l sol diera nestos riscos
ya los Feitos eran feitos
ya los Garridos, garridos.



   Siempre existieron muchas leyendas y cuentos sobre esta etnia de ganaderos, en un principio trashumantes, que se empezó a gestar como grupo aislado hacia el siglo XV consecuencia de sus continuos enfrentamientos con los xaldos y con las autoridades eclesiásticas y civiles, que no aceptaban su particular modo de vida ni sus tradiciones y costumbres.



   Ellos mismos afirman que a pesar del paso del tiempo, de los importantes cambios generacionales y sociales, de las transformaciones en las formas de vida debido a los determinantes avances de los medios de comunicación, …………. entre las familias de los vaqueiros siempre se ha mantenido y sigue existiendo una especial unión, ……. por suerte no se ha perdido.



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